7. ¿Como un pajarito enjaulado? Clara conversa con don Douglas

Clara Guevara

—Mirá, Clara… tenés que dejar de vivir como un pajarito enjaulado –le dijo un día don Douglas cuando visitaba a sus padres pues era un buen amigo de la familia.

—¿Quién es usted y… ¿qué quiere decir con eso –interrumpió Glúcar.

—Ay, se me olvidó que estabas allí, Glúcar… ¡lo siento! –sonrió don Douglas–. Soy amigo de infancia de los padres de Clara, y quiero informarte que yo también vivo con diabetes.

—Eso no lo sabía, don Douglas –dijo Clara con asombro.

—Bueno, Clara, he observado que vivís más tímidamente ahora que tenés a Glúcar alrededor. Me parece que eras un poco más atrevida y aventurera antes que la diabetes apareciera en tu vida –don Douglas estaba preocupado.

—Quiere decir, ¿que yo era una niña imprudente? –respondió Clara con nostalgia.

—No, Clara… ¡no! Digamos que vivías… ¡más libremente! Estoy notando que ahora pensás mucho lo que vas a hacer o no hacer debido a tu diabetes. Y es bueno ser prudente pero… ¡no dejés que Glúcar determine el camino de tu vida!

—¡Jajaja! ¡Soy muy poderosa! –se rió Glúcar.

—No, no los sos –interrumpió don Douglas–, simplemente te has ido convirtiendo en una especie de jaula para Clara. Ella solía ser un pajarito libre. Y sé lo que te digo porque yo pasé por lo mismo en algún momento pues, como te informé, también vivo con diabetes.

—¡Detesto cuando la gente me hace sentir como la mala de la película –dijo Glúcar de mal humor.

—Don Douglas, ¿usted pudo liberarse de su diabetes? –preguntó Clara.

—Bueno, no, pero te puedo decir que aprendí a vivir plenamente a pesar de vivir también con ella –le explicó–. Debido al tipo de trabajo que tengo (que por cierto, ¡me encanta!) he llegado a encontrarme en situaciones muy difíciles. Sin embargo, mi diabetes no ha sido un impedimento para que yo continúe haciendo lo que me gusta y me da satisfacciones, aunque a veces sea bastante peligroso.

—¿Qué es lo que usted hace? ¿Qué es lo que usted hace? –Glúcar estaba curiosa y ansiosa por saber.

Don Douglas empezó a sentirse incómodo por las interrupciones de Glúcar, sin embargo contestó: —Lo importante no es lo que hago en mi trabajo sino que mi diabetes no ha sido un impedimento para poder enfrentarme a situaciones difíciles que el mismo me ha demandado pues debo estar viajando a diferentes partes del mundo. Quiero decir que no he permitido que mi diabetes me fastidie o me limite en lo que hago.

—Don Douglas, ¿podría compartir con Glúcar y conmigo algunas de esas historias? –le rogó Clara amablemente.

—Por supuesto, querida amiga –dijo don Douglas–. Un día me encontré en un lugar donde había arenas movedizas y estuve a punto de ser tragado por éstas de no haber tenido la suerte, que tuve, de ser rescatado por unas personas que vivían cerca de allí. En otra ocasión me robaron la insulina en un lugar lejano donde no había ni servicios médicos ni farmacias cercanas. Y también, ¿pueden creerlo?, ¡he sobrevivido a la malaria dos veces!

—¡No puede ser! ¡No lo creo! –la voz de Glúcar se podía oír por todos lados–. ¡Yo no quisiera ser su diabetes!

—Don Douglas ¿qué otras cosas ha vivido? –Clara estaba muy interesada con aquella conversación.

—Querida Clara, otras experiencias han sido más duras pues he vivido en lugares donde tristemente la gente se encuentra en guerra y donde todos los días hay muchos heridos. Una vez hasta yo terminé con una lesión muy grave –respondió don Douglas con una voz afligida y pensativa–. Esas situaciones no le son comunes a todos, lo sé, pero de ellas he aprendido que lo más importante es encontrar gozo y satisfacción en todo lo que hagamos y en saber usar nuestros propios talentos. Por ello no permitás que tu diabetes y tus miedos detengan tus aspiraciones. Ya sabés que es importante ser cuidadosa, tomar siempre las precauciones necesarias, y entender también que vivir con diabetes requiere de mucho trabajo, pero no dejés de enriquecer y usar tus talentos y de explorar tus intereses.

—¡Usted me inspira, don Douglas! –dijo Clara con admiración, y después de una corta y silenciosa pausa añadió–: Sé que soy muy diferente a usted… no tengo una personalidad tan tranquila como la suya para hacer ese montón de cosas tan particulares, pero, ¡tiene razón!, hay que vivir plenamente. Sé que debo cuidar mi diabetes pero, al mismo tiempo, no dejaré de buscar mis sueños y usar debidamente mi propios talentos.

—¡Sí, Clara, es tu deber cuidarme y tratarme bien! –le exigió Glúcar quien, inmediatamente agregó en tono burlón–: Entonces, amiguita ¿vas a abrir la puertita de la jaula y volar como un pajarillo libre?

—¡Ay, dejá de ser tan pesada, Glúcar! Creo que estás envidiosa de que yo sea más fuerte que vos –se rió Clara.

 

“Esta historia está dedicada a Douglas Campos, amigo de nuestra familia, quién me inspiró cuando estaba recién diagnosticada con diabetes.” M.A.

 

 

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