9. Clara adora los deportes

Clara Guevara

—Te ves muy preocupada, Clara. ¿Qué te pasa? –preguntó Kristin, la niña nueva en el equipo de fútbol de Clara.

Clara estaba sentada en el césped después de la práctica de fútbol, y estaba pensando en su interior cuánto le gustaban los deportes pero también cuán difícil era jugar con con la presencia permanente de Glúcar Azúcar.

—No es nada –balbuceó Clara–. Bueno, es que diabetes siempre está conmigo y debido a eso se me hace difícil competir algunas veces. Me pregunto si algún día podré ser una atleta professional…

—¿Es eso lo que te gustaría ser cuando seás grande? –Kristin tenía curiosidad por saber.

—No sé exactamente… pero algunas veces me lo pregunto –Clara se oía melancólica.

—Yo no me preocuparía –dijo Kristin con mucha seguridad.

—¿Y por qué no? ¡Vos ni siquiera tenés diabetes! No sabés lo que es vivir con Glúcar Azúcar–se enojó Clara.

—¡Sí que lo sé! –se defendió Kristin–. Mi hermano mayor ha vivido con diabetes desde que era muy pequeño, y ahora es un atleta profesional. Él y su equipo ganaron una medalla de oro en los juegos olímpicos.

—¿Qué? ¡No puede ser! –Clara estaba sorprendida.

En ese momento, un hombre joven y alto caminaba hacia donde estaban las niñas y cuando llegó cerca le sonrió a Kristin: —Eso hermanita… así que aquí estás. Te he buscado por todos lados. Te vengo a recoger ya que mamá y papá no pueden llevarte a casa el día de hoy.

—¡No lo puedo creer! ¡Qué casualidad! –exclamó Kristin–. Precisamente estábamos hablando de vos, Kevin.

Clara estaba boquiabierta de la sorpresa. No podía creer que alguien que vivía con diabetes y que también era un gran atleta estaba parado frente de ella. ¡Clara estaba asombrada!

Kristin entonces los presentó: —Kevin, esta es Clara, la líder de mi equipo de fútbol. Clara, este es Kevin, mi hermano.

—¡Hola, Clara! ¿Cómo estás? –Kevin sonrió.

Clara estaba tan sorprendida que no podía hablar, por lo que Kristin se volteó hacia su hermano y le comentó: —Clara adora los deportes pero se pregunta si algún día podrá ser una atleta profesional.

—¿De verdad? —una risa iluminó la cara de Kevin.

Clara finalmente despertó de su trance: —Aaah, hola Kevin…aaaah, sí, he estado pensando en eso. Sin embargo, como Kristin me acaba de contar sobre vos y la medalla de oro, quisiera saber si te ha sido difícil vivir de los deportes teniendo diabetes. ¿Cómo hacés?

Kevin se sentó en el césped junto a Clara y le dijo: —La diabetes me enseñó disciplina y la importancia de la nutrición a una edad muy jóven. Aunque algunas veces era difícil de manejar cuando yo hacía ejercicio a nivel profesional en la universidad o en el equipo nacional de voleibol, la diabetes me hizo un mejor atleta porque yo entrenaba más eficiente y concientemente. Mantener bien mis niveles de azúcar durante el entrenamiento me ayudó a enfocarme realmente en lo que estaba haciendo, en vez de hacer los ejercicios sin pensar.

Clara se emocionó tanto que hizo otra pregunta: —¿Cómo hiciste para manejar tu diabetes cuando tenías mi edad y estabas en la escuela?

Kevin pensó por un rato y luego comentó: —Cuando era joven, me daba vergüenza tener diabetes y lo que realmente quería hacer era esconderla para que mis amigos y compañeros de clase no la vieran.  Sin embargo, cuando les conté sobre mi condición, se impresionaron mucho con la forma en que yo manejaba la enfermedad, el control de mis niveles de azúcar y las inyecciones de insulina. ¡En realidad ellos pensaban que todo eso era genial!

Clara sintió que acababa de encontrar un tesoro, y quería saber más: –¿Qué sentís con respecto a tu diabetes después de todos estos años viviendo con ella?

Hay muchos días en que me siento desalentado con mi diabetes porque los niveles de azúcar no son estables y consistentes. Sin embargo, puedo decir que la enfermedad me ha traído también muchas bendiciones, y además ¡me dio una ventaja competitiva en el mundo atlético!

Cuando Kevin terminó de hablar, una sonrisa tan grande como el sol apareció en la cara de Clara. Y, estaba tan agradecida por todas esas palabras tan llenas de sabiduría que con una voz llena de gozo dijo: —¡Muchas gracias a ambos! ¡Han convertido a mi día oscuro en uno brillante!

—Con mucho gusto –dijeron al mismo tiempo Kristin y Kevin al despedirse.

Después de un rato, Glúcar Azúcar finalmente habló: —Lo ves… ¡no soy una compañera tan mala como pensás!

—¿Por qué siempre tenés que tener la última palabra, Glúcar? –suspiró frustradamente Clara, pero a la vez estaba tan contenta que no le importó.

 

“Esta historia está dedicada a mi amiga Kristin Brown y a su hermano Kevin Hansen, ganador de una medalla olímpica de oro, quienes me han apoyado y a la vez inspirado profundamente a nivel espiritual. Lo que está escrito en el cuento con letra itálica son las palabras exactas de Kevin. La historia también está dedicada a mi nuevo amigo Luiz Villar, un chico muy fuerte, curioso, e inteligente que también vive con diabetes tipo 1”. M.A.

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