4. Pepe y su héroe

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—¡El entrenador Meloni es mi héroe! –exclamó Pepe. Él y algunos de sus amigos de la escuela estaban hablando muy entusiasmados en el recreo sobre el señor Meloni, el entrenador de baloncesto.

—Sí, gracias al entrenador Meloni hemos ganado consecutivamente dos campeonatos escolares de baloncesto –añadió Lucy–. ¡Él es genial!

—Seguramente que además es un amor en su casa –dijo Margarita con cara de enamoramiento por el dotado y guapo entrenador.

—Sus clases para preparar al equipo son muy duras, pero realmente dan resultado. ¡Qué hombre más talentoso y brillante! ¡Es mi maestro preferido! –proclamó Juan.

Pepe estaba tan inspirado por la conversación sobre el entrenador Meloni, que decidió pasar por su oficina para saludarlo en persona y mostrarle su gran respeto y admiración.

—Ejem, ejem… ¿señor Meloni? –Pepe anunció su presencia.

—¿Sí? ¿Qué quiere? –dijo bruscamente el señor Meloni sin ni siquiera mirar quién estaba en la puerta de su oficina pues en ese momento estaba recibiendo una llamada en su celular personal. Pepe le oyó contestar: —¡Te dije que no me llamaras al trabajo! No tengo tiempo para vos ahorita –gritó insolentemente y cortó la llamada.

Olvidándose que Pepe estaba en la puerta, el maestro Meloni dijo en voz alta: —¿Es que mi esposa no puede entender que soy una persona muy ocupada e importante en esta escuela? Luego se concentró en las notas del último juego: —¡Jaime necesita perder peso! Parece una vaca grande, fea, y gorda que no se puede mover! Voy a tener que sacarlo del equipo. Y bueno, Hugo… el chico se ríe como una hiena, y eso no es apropiado para uno de los miembros de mi equipo victorioso. Le tendré que prohibir que se ría.

Pepe no podía creer lo que estaba escuchando. Estaba consternado.

—Niño, ¿qué está haciendo ahí? –el señor Meloni finalmente vio a Pepe y le gritó. Luego en forma burlona le dijo: —¡Ja! Parece que va a llorar como una niña. ¡Váyase de aquí! Sólo niños grandiosos pueden estar frente a este magnífico entrenador.

Pepe corrió lejos de esa oficina tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Luego paró en una esquina para asimilar lo que acababa de presenciar y oír. El mundo de héroes de Pepe se derrumbó. Se sentía totalmente decepcionado.

—Eh, Pepe… ¿no es que tenés que ir a una clase ahora? –el Espíritu Santo habló al corazón del niño.

Los Tres Mosqueteros habían aparecido.

—¡Nunca más quiero oir, ver o saber de héroes! –Pepe estaba enojado.

—Lo sabemos –Jesús estaba afligido–. Muy triste lo que acabás de presenciar, ¿verdad?

—Pepe –dijo el Padre–, las personas que realmente tienen a mi Hijo en sus corazones no actúan de esa manera, las mismas son héroes de verdad, y yo las llamo mis santos. Vas a reconocerlas porque sus estilos de vida reflejan el carácter de Cristo: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Esos son los frutos que el Espíritu produce en la gente que está unida y sujeta a Jesús.

Pepe no tenía palabras. Tenía mucho que pensar, y además no sabía si había entendido todo lo que el Padre le había mencionado.

Jesús añadió: —Siempre vas a encontrar ejemplos de vida extraordinarios a tu alrededor; inclusive en las situaciones o lugares más simples, humildes, o menos esperados.

—Y, como habrás notado, no todas las personas que hacen cosas increíbles son heroes verdaderos–explicó el Espíritu Santo–. Los talentos de las personas no tendrán el impacto que queremos si las mismas no tienen a Dios en su corazón.

—Un momento, ustedes nos dan talentos y, ¿yo puedo usar los míos para ser un héroe también? –Pepe estaba sorprendido–. ¿Cómo es que puedo estar unido y sujeto a Jesús todo el tiempo, o ser más como Él?

Jesús sonrió y le dijo: —Te voy a dar unas sugerencias: leé la Biblia; rezá; escuchá al Espíritu Santo, compartí con amigos que sabés que también me aman en tu barrio, en la escuela, en la iglesia; hablá sobre mí; y usá tus talentos para ayudar a otros… ¿qué te parece?

—Uy, ¡eso es mucho para acordarse! –Pepe gimió.

El timbre sonó y Pepe realizó entonces que todavía estaba en la escuela. Cuando caminaba hacia su clase, el Espíritu Santo le susurró a su corazón: —Acordate, Pepe… Dios nunca te va a desilusionar, Él es tu verdadero héroe, y es, a Él, al único al que debés adorar.

 

“—Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.” Juan 15:1-4

“—Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. … Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán.” Mateo 7:15-20

Yo, Juan, soy el que vio y oyó todas estas cosas. Y, cuando lo vi y oí, me postré para adorar al ángel que me había estado mostrando todo esto. Pero él me dijo: —¡No, cuidado! Soy un siervo como tú, como tus hermanos los profetas y como todos los que cumplen las palabras de este libro. ¡Adora solo a Dios!” Apocalipsis 22:8-9

En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. …” Gálatas 5:22-23

 

Cuento inspirado por Charles Stanley y Billy Graham.

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