5. Pepe le tiene miedo a la muerte

 

—¡Voy a extrañar mucho a abuelita! ¡Cómo me duele pensar que no la visitaré otra vez! –Pepe estaba llorando en su cuarto pues su abuela Rut acababa de morir.

—¿La podré ver de nuevo algún día? –además de la tristeza, un escalofrío de miedo se apoderó del niño.

Pepe se acordó, sin embargo, que su abuelita le había contado que en la Biblia está escrito que los seres humanos no morimos, pues Dios nos ama tanto que vino a la tierra para que podamos ir al Paraíso a vivir con Él. Y recordó también que ella solía decir: La Biblia es la palabra de Dios y su palabra es verdadera.

En ese instante, Pepe supo en su corazón que su abuela estaba en el Paraíso. Pero, ¿dónde queda ese lugar? ¿En el cielo? ¿Podría verla, y ver también a otra gente que vive allí?   Después de pensar un poco, salió corriendo al jardín frente a su casa y empezó a mirar hacia el cielo.

Katie, su amiga y vecina, que se encontraba jugando cerca corrió hacia Pepe para ver lo que estaba mirando.

—¿Qué hacés? ¿Por qué estás viendo hacia al cielo? –le preguntó.

—Estoy tratando de ver los pies de abuelita o de otras personas que viven el Paraíso –contestó Pepe sin dejar de ver con curiosidad hacia arriba.

—Ay, ¡qué interesante! ¡Te ayudaré! –exclamó Katie uniéndose a la búsqueda.

Pepe y Katie estaban tan concentrados que no notaron a los Tres Mosqueteros, que los observaban con amor y ternura.

Finalmente Jesús dijo: —Ejem, ejem… ¡Hola, chicos! ¿Qué buscan en el cielo?

Pepe y Katie brincaron de alegría al ver a los Mosqueteros. Katie fue la primera en hablar: —Estamos buscando los pies de abuela Rut, o de otras personas que vivan en el Paraíso, allá arriba con ustedes.

Los Tres Mosqueteros sonrieron y los niños pudieron sentir su amor y su luz.

Inmediatamente Pepe supo la respuesta a la pregunta que le generó miedo: —Ya sé, no es ahora pero gracias a Jesús voy a poder ver a abuela Rut otra vez, ¿verdad?

El Padre le respondió: —Sí, entregué a mi “Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna”.

—Y yo vine a la tierra porque los amo mucho –añadió Jesús con una gran sonrisa.

—Pero moriste dolorosamente en una cruz por nuestros pecados –comentó Pepe con tristeza.

—Cierto, pero ¡resucité y aquí estoy! –exclamó Jesús, y Pepe vio un amor inmenso en sus ojos.

El Espíritu Santo añadió: —Sí, todo aquel que ame a Jesús ¡vendrá a vivir con nosotros en el Paraíso!

—¡Eso es genial! –hablaron al mismo tiempo los niños.

—Yo me porto mal muy seguido –dijo Pepe cabizbajo–, pero también los quiero mucho y quiero vivir con ustedes en el Paraíso algún día.

—Bien –dijo el Espíritu Santo–, entonces debés de tratar de ser cada vez más como Jesús, ¿verdad?

—Yo también quiero mucho a Jesús –dijo Katie en forma enfática–, pero a veces no es fácil distinguir entre el bien y el mal, ¿cómo puedo saberlo?

En la Biblia te damos las respuestas –dijo el Padre–, y el Espíritu Santo te las recordará si aprendés a escucharlo.

—Además, ustedes siempre tendrán nuestra gracia pues nunca podrán ser perfectos –añadió el Espíritu Santo.

—¿Podría saber ahora de abuela Rut? –murmuró Pepe.

—No te preocupés, Pepe… ¡ella está bien y está con nosotros! –respondieron los Tres Mosqueteros al tiempo que desaparecían de la vista de los niños.

—¡Ay, no! Se me olvidó preguntarles dónde es que queda exactamente el Paraíso –Pepe se molestó consigo mismo.

—Creo que un día lo vamos a saber –Katie le guiñó un ojo y le sonrió.

 

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16

El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero, antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo”. Mateo 1:18

Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida”. 1 Pedro 3:18

Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre [Adán], también por medio de un hombre [Cristo] viene la resurrección de los muertos”. 1 Corintios 15:20-21

 

 

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